El preguntarnos por nuestro sentido de vida, ha sido, es y será una de las cuestiones que más estremecerá a quienes se enfrenten a este interrogante ya que, si lo vemos como un «propósito» y «razón por la cual nací», compromete a las personas a tener una misión que marque un antes y un después en la humanidad. Personas que hicieron el bien e influyeron en otros como la Madre Teresa o incluso el mismo Viktor Frankl, eleva cualquier expectativa y nos lleva a compararnos con ellos.

No cabe duda que pueda despertar insatisfacción por la condición actual que presente al comparar mi vida con la de «x» persona. Puede también, que pese se ha logrado mucho, exista frustración pues jamás se tendrá semejante alcance, o al contrario, una persona sienta que ya ha alcanzado todo en su vida y no sabe a qué dedicarse (esa sensación de: y ahora qué?).

Pero como bien lo decía Viktor Frankl, el sentido de vida, no es algo místico o imposible de contestar, sino algo que podemos ver todos los días, en nuestro trabajo, al realizar pasatiempos, con nuestros hijos, padres, en el barrio, institución religiosa o social… Mejor dicho en sus palabras, «bajo ningún concepto se trata de dónde esté uno en la vida, de cuál sea la profesión por ejemplo, sino que tan sólo puede tratarse de cómo se comporta con su ocupación, con su círculo, sin que importe la magnitud de su radio de acción, sino simplemente y sobre todo el haber cumplido con la tarea de forma tal que se haya *colmado* una vida» (A pesar de todo decir sí a la vida, p, 47).

Ahora bien, considerando todo esto, la PREGUNTA DE HOY puede que asuste o nos traiga duda, pero busca invitarnos a pensar-o volver a pensar más bien- en esas pequeñas o grandes cosas que están llenas de valor pero que quizás no estamos percatando que están allí, y que por ende, nos dan sentido. En aquellas tareas que en nuestro círculo existencial cada uno resulta insistituible irremplazable; donde cada quien es quien es.