Descubre la sabiduría de Viktor Frankl en cada frase de su libro
Tercera fase
TERCERA fase
«Lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado.»
Viktor Frankl
En esta tercera fase del recorrido por libro «El hombre en busca de sentido», nos acercamos a un momento profundamente humano: la salida del campo y el difícil regreso a la vida.
La libertad no aparece de inmediato como alegría plena. Frankl muestra que, después del sufrimiento extremo, el ser humano necesita volver poco a poco a sentir, a mirar el mundo, a reconocerse y a recuperar su humanidad.
Esta etapa nos invita a contemplar cómo, aun después del horror, la vida puede comenzar otra vez.
Al entrar en esta etapa final del recorrido, aparecerán temas esenciales para comprender la Logoterapia:
- La libertad después del sufrimiento.
- El retorno gradual a la vida y a la sensibilidad.
- La voluntad de sentido como fuerza primaria
- La frustración existencial y el vacío interior.
- El sentido concreto de cada vida en cada momento.
- La responsabilidad ante las tareas que la vida plantea
- La actitud frente a lo inevitable.
- La libertad interior de decidir quién llega a ser.
“Y ahora, en el último capítulo dedicado a la psicología de un campo de concentración, analicemos la psicología del prisionero que ha sido liberado. Con torpes pasos, los prisioneros nos arrastramos hasta las puertas del campo. Tímidamente miramos a nuestro derredor y nos mirábamos los unos a los otros interrogándonos. (Pág. 68)
Llegamos a los prados cubiertos de flores. Las contemplábamos y nos dábamos cuenta de que estaban allí, pero no despertaban en nosotros ningún sentimiento. El primer destello de alegría se produjo cuando vimos un gallo con su cola de plumas multicolores. Pero no fue más que un destello: todavía no pertenecíamos a este mundo. (Pág. 68)
Desde la Logoterapia, esta escena no presenta una alegría plena ni una recuperación inmediata. Frankl describe cómo los prisioneros liberados comienzan, lentamente, a volver al mundo de la vida: los prados y las flores están allí, pero todavía no despiertan sentimiento. El pequeño destello ante la belleza del gallo muestra que la sensibilidad humana comienza a reaparecer. No se trata de negar lo vivido ni de convertir el dolor en algo deseable, sino de reconocer que, aun cuando la persona se siente extraña ante la vida, puede volver a ser alcanzada por un valor: la belleza, el mundo, la vida que todavía la interpela. Ese destello no resuelve el sufrimiento; apenas abre una posibilidad: volver, paso a paso, a sentirse humano.
Un día, poco después de nuestra liberación, yo paseaba por la campiña florida, camino del pueblo más próximo. Las alondras se elevaban hasta el cielo y yo podía oír sus gozosos cantos; no había nada más que la tierra y el cielo y el júbilo de las alondras, y la libertad del espacio.
Me detuve, miré en derredor, después al cielo, y finalmente caí de rodillas. En aquel momento yo sabía muy poco de mí o del mundo, sólo tenía en la cabeza una frase, siempre la misma: «Desde mi estrecha prisión llamé a mi Señor y él me contestó desde el espacio en libertad.» No recuerdo cuanto tiempo permanecí allí, de rodillas, repitiendo una y otra vez mi jaculatoria. Pero yo sé que aquel día, en aquel momento, mi vida empezó otra vez. Fui avanzando, paso a paso, hasta volverme de nuevo un ser humano. (Pág. 69)
Desde la Logoterapia, esta experiencia muestra que el regreso a la vida no ocurre de manera inmediata, sino paso a paso. Frankl no describe una alegría superficial, sino un momento de profunda apertura: la libertad del espacio, el canto de las alondras y la oración se convierten en signos de una vida que comienza nuevamente a interpelarlo.
La frase que repite no funciona como evasión del dolor vivido, sino como expresión de una relación con algo que lo trasciende. En ese instante, Frankl no afirma tener claridad plena sobre sí mismo ni sobre el mundo; más bien reconoce que algo esencial empieza a recomenzar.
¡Desdichado de aquel que, cuando finalmente llegó el día de sus sueños, encontró todo distinto a como lo había añorado! Quizás abordó un trolebús y viajó hasta la casa que durante años había tenido en su mente, quizá llamó al timbre, al igual que lo había soñado en miles de sueños, para encontrarse con que la persona que tendría que abrirle la puerta no estaba allí, ni nunca volvería. (Pág. 71)
La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una «racionalización secundaria» de sus impulsos instintivos. (Pág. 73)
¡Desdichado de aquel que, cuando finalmente llegó el día de sus sueños, encontró todo distinto a como lo había añorado! Quizás abordó un trolebús y viajó hasta la casa que durante años había tenido en su mente, quizá llamó al timbre, al igual que lo había soñado en miles de sueños, para encontrarse con que la persona que tendría que abrirle la puerta no estaba allí, ni nunca volvería. (Pág. 71)
La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una «racionalización secundaria» de sus impulsos instintivos. (Pág. 73)
Desde la Logoterapia, estas experiencias muestran que la búsqueda de sentido no depende únicamente de que nuestras expectativas se cumplan. La liberación no significó el final del sufrimiento para Frankl, pues tuvo que enfrentarse a una realidad marcada por la pérdida y la desilusión.
Sin embargo, esta experiencia también revela que el ser humano no vive solamente buscando satisfacer deseos inmediatos, sino respondiendo a la necesidad profunda de encontrar significado en su existencia. Para Frankl, la voluntad de sentido permite orientarse ante las circunstancias de la vida, incluso cuando estas no pueden modificarse.
La voluntad de sentido del hombre puede también frustrarse, en cuyo caso la logoterapia habla de la frustración existencial. El término existencial se puede utilizar de tres maneras: para referirse a la propia (1) existencia; es decir, el modo de ser específicamente humano; (2) el sentido de la existencia; y (3) el afán de encontrar un sentido concreto a la existencia personal, o lo que es lo mismo, la voluntad de sentido. (Pág. 75)
Las neurosis noógenas no nacen de los conflictos entre impulsos e instintos, sino más bien de los conflictos entre principios morales distintos; en otras palabras, de los conflictos morales o, expresándonos en términos más generales, de los problemas espirituales, entre los que la frustración existencial suele desempeñar una función importante. (Pág. 76)
Desde la Logoterapia, la frustración existencial aparece cuando la búsqueda de sentido del ser humano no encuentra una respuesta. No se trata de una falta de satisfacción de deseos inmediatos, sino de una tensión más profunda relacionada con la propia existencia, los valores y la orientación de la vida.
Frankl explica que las neurosis noógenas pueden surgir de conflictos que pertenecen a la dimensión humana del sentido y los valores. Encontrar una orientación significativa no elimina las dificultades, pero permite a la persona asumir una postura ante ellas y responder frente a la vida.
En cuanto a mí, cuando fui internado en el campo de Auschwitz me confiscaron un manuscrito listo para su publicación. No cabe duda de que mi profundo interés por volver a escribir el libro me ayudó a superar los rigores de aquel campo. (Pág. 78)
El vacío existencial es un fenómeno muy extendido en el siglo XX. Ello es comprensible y puede deberse a la doble pérdida que el hombre tiene que soportar desde que se convirtió en un verdadero ser humano. (Pág. 79)
Desde la Logoterapia, la experiencia de Frankl muestra cómo una tarea que conserva un significado para la persona puede sostener su esfuerzo incluso en circunstancias extremas. Su interés por volver a escribir el manuscrito le ofrecía una tarea que aún deseaba realizar.
Frankl relaciona el vacío existencial con una doble pérdida: el ser humano ya no cuenta con los instintos que determinan la conducta animal y, en la sociedad moderna, las tradiciones han ido perdiendo su capacidad de orientar la conducta. Al no encontrar en ellas una orientación suficiente, la persona puede experimentar una sensación de vacío y dificultad para reconocer qué desea hacer con su vida. Sin embargo, para la Logoterapia, la pérdida de esas referencias no significa que la vida haya dejado de tener sentido; se trata de reconocer que la persona está llamada a descubrir el sentido concreto que puede realizar en cada situación.
Hasta aquí, Frankl nos muestra que la búsqueda de sentido es fundamental en la existencia humana.
Cuando esta búsqueda se ve frustrada, puede aparecer la frustración existencial. Los conflictos relacionados con los valores pueden intervenir en las neurosis noógenas, mientras que el vacío existencial se refiere a la experiencia de falta de sentido.
Aunque relacionados, estos conceptos no son equivalentes ni constituyen etapas que toda persona deba atravesar.
Incluso en circunstancias adversas, una tarea significativa puede conservar su valor.
La Logoterapia nos invita a reconocer el sentido concreto que puede descubrirse en cada situación.
